Los Coros Caídos · Episodio 5

TRONOS y ÁNGELES caídos: del juicio de Dios a la adivinación

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Quinto capítulo de «Los Coros Caídos». Los dos extremos de la jerarquía angélica: los Tronos, sede del juicio de Dios, y los Ángeles, los mensajeros. De cada uno cayó un demonio que lo declara: Raum y Caim.

Los dos extremos

Hoy, los dos extremos de la jerarquía angélica: los Tronos, cerca de la cumbre, sede del juicio divino... y los Ángeles, el coro más bajo, el más cercano a los hombres.

De cada uno cayó un espíritu que lo declara abiertamente en la Goetia: Raum, de los Tronos; y Caim, de los Ángeles. Y hay varios más cuyas legiones pertenecen en parte a estos coros.

Los que sostenían el juicio de Dios, y los que llevaban sus mensajes.

Los Tronos: el juicio

Los Tronos. Pseudo-Dionisio los describe como los que están libres de todo lo bajo, establecidos en las alturas, receptivos a la presencia de Dios. Gregorio Magno es más directo: los Tronos son aquellos sobre los que Dios se sienta para ejercer su juicio. La sede del juicio divino.

El espíritu que cayó de ellos es Raum, el cuadragésimo espíritu: un gran conde que aparece como cuervo. Y mira en qué se convirtió el juicio. Raum roba tesoros de casas de reyes, destruye ciudades y dignidades, y responde de lo pasado y por venir.

El asiento del juicio de Dios... vuelto robo y destrucción.

Los Tronos por legiones

Junto a Raum, tres espíritus tienen relación parcial con los Tronos, por sus legiones. Purson, cuyas veintidós legiones son en parte de las Virtudes y en parte de los Tronos. Forneus, cuyas legiones son en parte de los Tronos y en parte de los Ángeles. Y Murmur, igual: en parte Tronos, en parte Ángeles.

Y hay un detalle que a menudo se malinterpreta. Marchosias, Phoenix y Focalor hablan de esperar volver al séptimo trono. Pero eso no significa que fueran del coro de los Tronos: es una esperanza de regreso a un lugar celeste, no una declaración de su origen. Conviene no confundirlo.

Los Ángeles: el mensaje

Ahora el otro extremo: los Ángeles. Dionisio dice que este orden, el más bajo, es el que está más directamente en contacto con las cosas humanas y manifiestas. Gregorio precisa algo hermoso: ángel no es una naturaleza, sino un oficio; son ángeles, es decir, mensajeros, cuando anuncian.

El espíritu que cayó de ellos es Caim, el quincuagésimo tercer espíritu: aparece como un mirlo, luego como hombre, y responde entre brasas ardientes. Comprende la voz de las aves, del ganado, de las aguas.

El don de entender y transmitir mensajes... convertido en adivinación y voces de animales. El mensajero de Dios... vuelto oráculo.

Los Ángeles por legiones

Como con los Tronos, varios espíritus tocan el coro de los Ángeles por sus legiones. Forneus y Murmur, ya mencionados, en parte Ángeles. Las legiones de Paimon incluyen algunas del orden de los Ángeles.

Y en la versión de Weyer, Amy tiene legiones en parte de los Ángeles y en parte de las Potestades, aunque la Goetia Sloane no lo conserva con claridad. Otra de esas discrepancias que hay que nombrar.

El coro de los mensajeros, disperso en fragmentos entre varios demonios.

La cumbre y la base

Raum cayó de los Tronos, el asiento del juicio; Caim, de los Ángeles, los mensajeros. Y varios más los tocan por sus legiones, con las salvedades que vimos. Los dos extremos de la jerarquía, unidos en la caída.

Reconstrucción documental de fuentes reales, con fines de estudio. Y un recordatorio: la mayoría de los setenta y dos no declara coro alguno.

En el próximo capítulo dejamos los demonios un momento, para responder la pregunta que atraviesa toda la serie: ¿por qué un demonio conserva el poder del coro del que cayó?

Transcripción del vídeo

Reconstruida a partir de los subtítulos oficiales del vídeo; los pasajes recitados anteriores se reproducen literalmente.

Comencemos desde lo más alto. Los Tronos, según Pseudo-Dionisio, son el coro que porta a Dios, que recibe la justicia divina sin intermediario. En su imagen, son el propio asiento del juicio. Estar entre los Tronos era sostener el asiento desde el cual la creación es juzgada. Por eso su caída pesa de un modo distinto. No cayó un mensajero, sino uno de aquellos que sostenían el trono del juicio. Y en el extremo opuesto, los Ángeles. En la jerarquía de Pseudo-Dionisio, son el coro más bajo, y por esa misma razón el más cercano a la humanidad. Su oficio es llevar los mensajes de Dios al mundo. Son los mensajeros. De este coro, el más humilde y el más próximo a nosotros, también cayó un espíritu que ahora aparece en la Goetia.

En este quinto capítulo, nuestra mirada desciende y asciende, lentamente, hacia los dos extremos de la jerarquía angélica. Cerca de la cumbre están los Tronos, asiento del juicio divino... y en lo más bajo, los Ángeles, el coro más cercano a la humanidad. Entre esos dos límites se abre una sombra antigua, pues de cada uno cayó un espíritu que lo declara abiertamente en la Goetia: Raum, de los Tronos; y Caim, de los Ángeles.

No están solos. Hay varios otros cuyas legiones pertenecen en parte a estos coros, como si la caída no hubiera borrado por completo la forma de su antigua pertenencia. Así quedan frente a frente: aquellos que sostenían el juicio de Dios, y aquellos que llevaban Sus mensajes.

Los Tronos están libres de todo lo bajo, establecidos en las alturas, receptivos a la presencia de Dios. Así los contempla Pseudo-Dionisio, como si ninguna sombra pudiera adherirse a ellos. Pero Gregorio Magno es más directo, y sus palabras caen con el peso de una sentencia: los Tronos son aquellos sobre quienes Dios se sienta para ejercer Su juicio. El asiento del juicio divino. Y, sin embargo, de ellos cayó Raum, el cuadragésimo espíritu; un gran conde que aparece como un cuervo.

Mira, entonces, en qué se convirtió el juicio. Raum roba tesoros de las casas de los reyes, destruye ciudades y dignidades, y responde acerca del pasado y de lo que está por venir. El asiento del juicio de Dios... convertido en robo y destrucción.

Junto a Raum, hay tres espíritus cuya relación con los Tronos aparece solo parcialmente, y debe examinarse con cuidado, como quien examina una inscripción antigua bajo una llama temblorosa. Purson posee veintidós legiones, y esas legiones son en parte de las Virtudes, y en parte de los Tronos. Forneus, asimismo, tiene legiones que son en parte de los Tronos, y en parte de los Ángeles. Y Murmur repite esa misma condición: en parte Tronos, en parte Ángeles.

Pero hay un detalle que a menudo queda oscurecido. Marchosias, Phoenix y Focalor hablan de la esperanza de volver al séptimo trono. Eso no significa que pertenecieran al coro de los Tronos. Es la esperanza de regresar a un lugar celestial, no una declaración de su origen. Es importante no confundir ambas cosas.

No están solos. La Goetia registra otros dos espíritus del orden de los Tronos. Uno es Forneus, un gran marqués. El otro es Murmur, un gran duque y conde, de quien la Goetia dice algo singular: que sus legiones pertenecen en parte al orden de los Tronos, y en parte al de los Ángeles. Un espíritu dividido entre dos coros, como si su propia caída no hubiera sabido de dónde arrancarlo. Dos más que sostenían el trono del juicio, y cayeron de él.

Ahora, en el otro extremo, están los Ángeles. Dionisio dice que este orden, el más bajo, es el que permanece en contacto más directo con las cosas humanas y manifiestas. Y Gregorio precisa algo hermoso, casi como una llave puesta sobre la mesa: ángel no es una naturaleza, sino un oficio; son ángeles, es decir, mensajeros, cuando anuncian.

Pero de ellos cayó un espíritu: Caim, el quincuagésimo tercer espíritu. Aparece primero como un mirlo; luego como un hombre; y responde entre brasas ardientes. Comprende las voces de las aves, del ganado, de las aguas. Así, el don de comprender y transmitir mensajes se tuerce, se oscurece, se convierte en adivinación y en voces de animales. El mensajero de Dios... convertido en oráculo.

Como con los Tronos, también aquí varios espíritus tocan el coro de los Ángeles a través de sus legiones; no mediante una pureza intacta, sino mediante restos, fragmentos, una memoria dividida. Forneus y Murmur, ya mencionados, aparecen en parte Ángeles. Y las legiones de Paimon incluyen algunos del orden de los Ángeles, como si el coro de mensajeros aún caminara entre sus filas, disperso y velado.

En la versión de Weyer, Amy tiene legiones en parte de los Ángeles y en parte de las Potestades; pero la Goetia Sloane no conserva esto con claridad. Otra de esas discrepancias que deben nombrarse lentamente, porque revela una grieta en la transmisión.

Así permanece el coro de los mensajeros: no entero, no unido, sino dividido entre varios demonios.

Al cierre, queda una imagen difícil de contemplar sin estremecerse. Raum cayó de los Tronos, el asiento del juicio; Caim, de los Ángeles, los mensajeros. La cumbre y la base, los dos extremos de la jerarquía, unidos en la caída. Y varios otros los tocan a través de sus legiones, con las cautelas que hemos visto, como si el documento dejara solo un rastro, no una certeza plena.

Debe repetirse lentamente, a la luz de una vela: una reconstrucción documental a partir de fuentes reales, con fines de estudio. Y también conviene recordar lo que enseña el silencio: la mayoría de los setenta y dos no declara coro alguno.

En el próximo capítulo dejamos por un momento a los demonios, para responder la pregunta que recorre toda la serie: ¿por qué un demonio conserva el poder del coro del que cayó?

Comencemos con el orden más alto que nos ocupa hoy. Pseudo-Dionisio describe a los Tronos como aquellos que están exentos de toda mancha terrenal, establecidos sin fractura en las alturas, que reciben la presencia divina por encima de toda pasión y de toda materia, y que por ello manifiestan a Dios. Gregorio Magno lo dice de manera más directa: los Tronos son las huestes sobre las cuales Dios se sienta para ejercer Su juicio. Son, literalmente, el asiento del juicio.

Por eso su caída pesa de un modo distinto. No cayó cualquier mensajero, sino uno de aquellos que sostenían el asiento desde el cual toda la creación es juzgada.

Reconstrucción documental de fuentes reales (la Ars Goetia, Weyer, Pseudo-Dionisio, Gregorio Magno, Tomás de Aquino), con fines de estudio. Los pasajes en cursiva son los recitados del vídeo. No afirmamos que los 72 procedan de los nueve coros: solo seguimos lo que declaran los textos.

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